A veces, siempre.
A veces me siento menos rota, a veces más que nunca.
A veces me canso de ser la sonrisa permanente, la risa contagiosa, la cara de muñeca.
A veces pienso que es por la costumbre, la rutina. Que soy una nómade eterna y que me toca cambiar de cielo. Lo pienso mucho. Lo discuto. No puedo ser así, no puedo vivir de aislarme y huir.
Pero cuesta.
Duele. Estar rota duele. Lastiman los propios pedazos. Pensé que ya no iba a doler. Me equivoqué.
A veces me siento sola. Siempre. Me aislo. Sola. Me siento insoportable, una mosca, una cruz. La disimulo, la careteo. Pero no puedo. Me cuesta. Necesito que me den la mano, que no la suelten, que la agarren bien. Que me presten un hombro, que no me juzguen, que me entiendan.
Necesito sanar.
Quiero dejar de llorar.
Quiero dejar de sentirme insuficiente.
Quiero parar.
Basta.