¿Por qué volves a mi vida en un inequívoco zig zag?

Que desde que repentinamente nos conocimos (casi por accidente, casi sin querer) te me repites una vez y otra vez, a poner mi norte en el sur y llenar de mieles mi oído.

Que te busqué, Dios sabe cuánto te busqué, mientras te alejabas, mientras me ignorabas. Me enloquecía, me enredaba tu mirada, tu andar, tu misterio. Quizá y en realidad era solo un reflejo de mi pensamiento, quizá me enamoré del ideal que planté en mi cabeza.

Pero si hoy seguís siendo el mismo.

Y si tan guardado en el cajón de recuerdos te tengo, por qué cada vez que apareces quiero tirar todo y correr a tu encuentro?

 No pasó ni un día y ya estoy queriendo volver a vos. A vos que sos mi peor hábito, que me quedé tantas veces, tantas veces quise irme y me quedé. Porque pensé que sí, que era verdad que te importaba, que ibas a cambiar. Pero no. No lo hiciste. Me viste llorar, me viste destrozada y vulnerable como nunca nadie me vio, dejando todo de lado por vos. Dejandome a MI de lado por vos.


 Honey 

i promise to you 

ill be back

maybe not today, not tomorrow

but one of this days

i will go for you


 Hay que tener el coraje de ser imperfecto.

Que raro es leerme a mi misma, el antes, el ahora. Sentir que sigo rota, que esas cicatrices siguen abiertas, que no pude librarme de esos demonios, perdonar esas cosas, soltarlas, dejarlas ir. A veces es más fácil aferrarse al dolor, porque a la larga se volvió tu zona de confort, la sufrís pero estás tan curtida por eso que ya casi no te afecta, es como cuando te acosutmbras a la piedrita del zapato, cuando algo te sangra tanto que ya no te alarma, ya fue, ya va a dejar de sangrar. Es raro que todos mis escritos sean deprimentes, pero es lo que llevo dentro. Quizá algún día me vacíe de todo eso que me hace mal y no me quede otra que ser feliz, quizá. Quizá no. Ojalá sí. Igual a veces me gusta estar triste, no hay sol sin tormenta digo, después disfruto más cuando estoy feliz. O eso creo. O eso me hago creer.

esa soy

Me quiero, me quiero mucho. Porque me conozco, porque sé lo que soy, las tormentas que atravesé y las calmas en las que fuí feliz. Sé que lloré más de lo que reí. Que soy una nostálgica empedernida rozando lo empalagoso. Que me frustro más de lo que intento. Que soy adicta a los pequeños placeres de la vida, los domingos de sol, los mates en otoño, la canción que suena cuando se esconde el sol y los perros callejeros. Que me hago la poetisa y ato todo con alambre.

Tanto tiempo me negué, me costó imponerme ante mi misma pensando que era una, convenciendome de eso. Pero no, no soy esa. Soy las canciones que canto a gritos, las frases que escribo en mi cuaderno, las cosas que me hacen reír y las que me hacen llorar también. Soy mis silencios, y mis emociones. Soy mi creencia en el amor, soy todo lo que estimo de mis amigos. 

La espontánea, la impulsiva, esa soy. Porque ni yo sé cuál va a ser mi próximo paso, porque amo vivir y que la vida me sorprenda, que todo fluya, siga su ritmo, sonreír y que cambie el panorama. Esa soy yo. La que vive el momento. La que se abraza a sí misma cuando está triste, se sonroja cuando está feliz y chasquea las uñas cuando está ansiosa.

Soy cualquier cosa, pero soy.

Que la vida moldea dando palos es verdad. Y lo agradezco. Porque gracias a los palos hoy soy lo que soy. Porque gracias a las paredes con las que me choqué aprendí a levantarme, sola. Me cuesta, lo escondo. Pero estoy acá.

Y es fácil la moraleja: lo que no te mata, te hace más pilla.

A veces, siempre.
A veces me siento menos rota, a veces más que nunca.
A veces me canso de ser la sonrisa permanente, la risa contagiosa, la cara de muñeca.
A veces pienso que es por la costumbre, la rutina. Que soy una nómade eterna y que me toca cambiar de cielo. Lo pienso mucho. Lo discuto. No puedo ser así, no puedo vivir de aislarme y huir. 
Pero cuesta. 
Duele. Estar rota duele. Lastiman los propios pedazos. Pensé que ya no iba a doler. Me equivoqué.
A veces me siento sola. Siempre. Me aislo. Sola. Me siento insoportable, una mosca, una cruz. La disimulo, la careteo. Pero no puedo. Me cuesta. Necesito que me den la mano, que no la suelten, que la agarren bien. Que me presten un hombro, que no me juzguen, que me entiendan.
Necesito sanar.
Quiero dejar de llorar.
Quiero dejar de sentirme insuficiente.
Quiero parar.
Basta.
Pasé tanto tiempo de mi vida negando lo que soy, lo que cargo, lo que no; tanto tiempo tratando de entender qué es lo que está tan mal en mi, el por qué vive dentro de mi. Hasta que un día empecé a entender. Un día aguante tanto que me rompí, exploté, llegué al fondo y una vez rota lo único que me quedó hacer fue armarme, subir.
Un día entendí que tenía que parar.
Un día supe que yo podía estar mejor, y miré para adentro. Me escuché. Me entendí. Me perdoné.
Por todo lo que dejé que me hicieran, por todas las veces que me falte el respeto a mi misma, por todo lo que le hice a mi cuerpo y a mi mente con tal de no pensar, con tal de escapar de la realidad agobiante que me acompañó por años infinitos. Por las veces que no pensé antes de actuar, y por las que pensé de más y no actué. En síntesis, hice las paces conmigo. Pero lo hice tarde.
La ansiedad es una enemiga digna. Aprece justo cuando menos la necesitas porque tu inconsciente la llama, a gritos. Decís "por favor, no" y le importa tres carajos, aterriza en tu mente y no te deja en paz hasta que encuentres el por qué decidió aparecer. Y esto lo se ahora, y gracias a mi psicóloga. Cuando no lo sabía era peor: lo único que me pasaba por la cabeza era "me llegó la hora". Y tan fuerte y desagarrador era que hasta mi carta de despedida hice, en vano, porque acá estoy todavía.
Como si fuera poco, la depresión, mi compañera de toda la vida, se complota con mi nueva inquilina ansiedad y mi cabeza parece un cuento de terror. Estar sola en mi cabeza me hace mal. En general me hace mal. Trato de que no, porque realmente quiero estar bien. Pero últimamente me rompo más de lo que sano, me duele el alma de tantas ausencias, me duele la psiquis de tanto incendiarme.
Y lloro. Lloro mucho. Estoy rota, siempre lo estuve. Y tengo que sanar, pero no puedo. Cada vez es más difícil. Y es algo que no puedo compartir con nadie, con casi nadie, porque el "Se te ve mucho mejor" duele. Duele porque dentro mio se que estoy fingiendo. Porque no quiero ver a nadie que la pase mal por mi, no quiero ver a mi mamá llorar de nuevo, no quiero que mis amigos se vuelvan a preocupar, no quiero. Y si lo comparto, me quiebro, porque estoy cansada de fingir que todo está bien; tengo el alma cansada de intentar.

JULIO 30, 2015.

 Vivía en la estación, o eso sentía. Esperaba un tren que había anunciado su salida, pero que nunca arribaba a la estación. Tantas veces creyó que oía su marcha, que pronto llegaría y tanta espera habría valido la pena.
 Al segundo año de ansiosa espera, comenzó a sospechar que el tren jamás había salido de origen, o, lo que era aún peor, que había dejado atrás su estación pero se había perdido en el millar de vías que lo separaban de ella. Quizá a propósito, quizá sin querer. Su ilusión se desvanecía a medida que el tiempo avanzaba. "Nunca vendrá" pensaba, "era solo otro cuento".
 Desepcionada, se sentó en el anden. Observó por un momento el cielo que le devolvía una mirada gris y hostíl. La priemer gota de lluvia cayó en su nariz, la segunda en su pulgar. Lo supo. Caminó lentamente hacia la vía del tren y volvió a sentar, en el mismo lugar donde el tren debería haber frenado dos años atrás.
 Ya sentada, cerró sus ojos; sus lágrimas estaban casi ocultas gracias a la ligera llovizna que se había apoderado del día. Pasaron horas. Se levantó, recogió sus cosas y, con paso firme, se retiró de la estación sin mirar atrás, al tiempo que el tren tomaba el lugar que ella había abandonado minutos atrás.
 El tren, por fin, llegó a la estación pero ella, ella ya no estaba ahí esperandolo.

G.M.A.
Vuelve esa sensación de no saber ni por qué escribo, pero de todas formas, acá estoy una vez más.
Nunca sentiste ese nudo, esa impotencia cuando conoces a alguien que te tiene en un limbo entre preguntas de las que no querés escuchar las respuestas? O si, querés, pero te da miedo. Miedo a que te digan algo que no querés escuchar. A que te lastimen, de nuevo, y que tengas que volver a salir a la cancha, con más huevo que ganas, más roto que entero. Y ahí es cuando te volvés a preguntar: ¿Por qué somos tan adictos a fallar, al dolor? A esa gente que te abraza por un rato y después se va, como si nada, como si vos fueses nada. Y si soy nada?
Le confesé a la psicóloga que me aburrí de vos,
me  dijo que es porque no estoy acostumbrada a que me traten tan bien.
No te estaba esperando pero,
por qué tardaste tanto?
Lo bueno
es que ya estás acá.
Desarmá tus valijas,
o no;
Si no querés no.
Tengo todo preparado para vos,
ya se que recién llegaste pero
quedate un rato más.
Hay lugar acá para vos,
y tengo ganas de que te quedes.
si no sabes si querés quererme, no me hagas creer que te vas a quedar
Llegaste y le tiraste raid a todos mis demonios.
dame
tu amor
a mi
(le estoy hablando a tu corazón)


Solté, reí, viajé, volví, enseñé, aprendí, me rompí. Lloré, solté, sentí, probé, me fuí. Me enamoré, volví, me lastimaron, lloré, amé, lloré, viví, sentí.
si no te puedo arreglar
voy a cuidar tus pedazos
porque una persona como vos
brilla hasta rota
“Ojalá nunca hayas leído nada de lo que te he escrito, porque me destrozaría saber que a pesar de eso no me has buscado.”
lo que nos cura se queda un rato,
                                                                       nos cuida,
                                                                                                       nos miente,
                                                                                                                                            después se va.
Todo caos encierra una belleza incomprendible y admirable.

a vos, te perdono. te libero. que seas feliz, con la persona que quieras. más que el enojo, te debo las gracias: por abrirme los ojos. por hacer que me golpee tan fuerte que tuve que despertar.

te entiendo, ¿sabés? parece raro, pero no lo es tanto. te olvidaste que te conozco, que hace tres años te miro, te observo en silencio para entender tus motivos, para ver como sos. para conocerte.
en vos veo tristeza, mucha, acumulada en tu interior. no sabes dónde estás, no sabes que estás haciendo, no sabes por qué lo estás haciendo, pero no podes parar. queres probar, queres saber, queres intentar. me parece bien, pero, ¿por qué así? de todas las formas de hacer las cosas bien que tenías, de todas las opciones, ¿por qué elegiste la peor?, ¿por qué decidiste lastimarme para ver si eras feliz?
no te culpo, o sí, pero te entiendo. reíte, pero es verdad. se que no sabías lo que estabas haciendo, que una cosa llevó a la otra y no pudiste parar. lo que no entiendo es, ¿por qué tardaste tanto en decirmelo?, ¿por qué seguiste dandome esperanzas de que podíamos estar juntos? ¿por qué esa noche me abrazaste y me besaste?¿por qué seguiste invitandome a tu casa, a estar con vos si no querías estar conmigo?¿por qué?¿por qué decidiste romper a la única persona que te quiso contra viento y marea? me faltan explicaciones, muchas, que nunca me vas a dar. 

Quería que te quedes, lo deseaba con todo mi corazón.
(Notesé el pasado en los verbos de la oración).

te amé
con tanta fuerza
   que cuando te solté
      me caí
         y todavía
           no me pude
              levantar