Me quiero, me quiero mucho. Porque me conozco, porque sé lo que soy, las tormentas que atravesé y las calmas en las que fuí feliz. Sé que lloré más de lo que reí. Que soy una nostálgica empedernida rozando lo empalagoso. Que me frustro más de lo que intento. Que soy adicta a los pequeños placeres de la vida, los domingos de sol, los mates en otoño, la canción que suena cuando se esconde el sol y los perros callejeros. Que me hago la poetisa y ato todo con alambre.
Tanto tiempo me negué, me costó imponerme ante mi misma pensando que era una, convenciendome de eso. Pero no, no soy esa. Soy las canciones que canto a gritos, las frases que escribo en mi cuaderno, las cosas que me hacen reír y las que me hacen llorar también. Soy mis silencios, y mis emociones. Soy mi creencia en el amor, soy todo lo que estimo de mis amigos.
La espontánea, la impulsiva, esa soy. Porque ni yo sé cuál va a ser mi próximo paso, porque amo vivir y que la vida me sorprenda, que todo fluya, siga su ritmo, sonreír y que cambie el panorama. Esa soy yo. La que vive el momento. La que se abraza a sí misma cuando está triste, se sonroja cuando está feliz y chasquea las uñas cuando está ansiosa.
Soy cualquier cosa, pero soy.