Que raro es leerme a mi misma, el antes, el ahora. Sentir que sigo rota, que esas cicatrices siguen abiertas, que no pude librarme de esos demonios, perdonar esas cosas, soltarlas, dejarlas ir. A veces es más fácil aferrarse al dolor, porque a la larga se volvió tu zona de confort, la sufrís pero estás tan curtida por eso que ya casi no te afecta, es como cuando te acosutmbras a la piedrita del zapato, cuando algo te sangra tanto que ya no te alarma, ya fue, ya va a dejar de sangrar. Es raro que todos mis escritos sean deprimentes, pero es lo que llevo dentro. Quizá algún día me vacíe de todo eso que me hace mal y no me quede otra que ser feliz, quizá. Quizá no. Ojalá sí. Igual a veces me gusta estar triste, no hay sol sin tormenta digo, después disfruto más cuando estoy feliz. O eso creo. O eso me hago creer.